La ola de calor que azotó gran parte de Europa en 2003 causó en España alrededor de 6.500 muertos, según concluye el estudio “Valoración del impacto de la ola de calor del verano de 2003 sobre la mortalidad”, publicado en el Informe 2004 de la Sociedad Española de Salud Pública y Administración Sanitaria (SESPAS), un estudio que analizó la mortalidad registrada durante el período comprendido entre el 1 de junio y el 31 de agosto de 2003 y que, en palabras del Dr. José Vicente Martí Boscá, editor del citado Informe, fue “censurado en su momento por el Ministerio de Sanidad y Consumo” del anterior Gobierno.
“En el año 2003 parece observarse -se afirma en el estudio- un importante incremento en la mortalidad en los tres meses de verano por encima de los esperado según las tendencias de los últimos díez años. El incremento se hace especialmente patente en el mes de agosto de 2003”. Las variaciones de las defunciones y las temperaturas diarias son coincidentes, y los incrementos de las temperaturas precedieron a las defunciones en uno o dos días, observación consistente con otros estudios anteriores.
Según este estudio, la diferencia entre el número de defunciones observadas y esperadas según la evolución de los últimos años alcanzaría las 6.500 defunciones “extras” en los tres meses de verano (2.300 en junio, 300 en julio y 3.900 en agosto). El incremento de la mortalidad afecta exclusivamente a las personas de 65 o más años de edad. El exceso de mortalidad se ha producido en los meses de junio y agosto, y en este último se registró un 14% de exceso de defunciones.
El trabajo recomienda elaborar unas líneas de intervención basadas en el conocimiento científico del problema y en la capacidad de respuesta del sistema sanitario y social. En primer lugar, reclama disponer de un sistema de alerta y control sobre riesgos naturales, en estrecha conexión con el Instituto Nacional de Meteorología. También recomienda fortalecer la capacidad de respuesta de los servicios sociales y sanitarios ante las alertas relacionadas con este fenómeno.
Estas cifras contrastan con las ofrecidas en su momento por el Ministerio de Sanidad y Consumo que intentó en varias ocasiones restar importancia a la influencia de la ola calor sobre la mortalidad nacional. En concreto, en septiembre de 2003 el Departamento presentó un estudio que concluía que "los fallecimientos durante el mes de agosto de 2003 en España se han debido a las mismas causas que en los meses anteriores sin que haya un patrón significativamente distinto que haga sospechar un aumento de causas de muerte prematura o sanitariamente evitable explicativo de esas defunciones".
Por otra parte, el ministro francés de Salud, Philippe Douste-Blazy, presentó hoy el Plan Canícula, destinado a evitar que vuelva a repetirse este verano la catástrofe de 2003, cuando 15.000 personas murieron debido a la ola de calor. El ministro, asegurando que si hubiera una hecatombre similiar "asumiría la total responsabilidad", explicó que se han creado cuatro niveles de alerta en este plan y que el más grave de ellos prevé incluso la intervención del ejército.
Según Douste-Blazy, los servicios médicos de urgencias trabajarán sin descanso durante todo el mes de agosto y una comisión será creada para garantizar la transparencia de la gestión gubernamental en caso de una nueva ola de calor.
El pasado abril el presidente Chirac pidió a los responsables sanitarios "una vigilancia extrema" para activar rápidamente los medios de prevención y servicios médicos "con el fin de que el drama no se reproduzca".